Autor: Martín Varela, subdirector de Trilema. Metodologías, personalización y evaluación… Mientras crecemos como docentes en estos enfoques, la mirada en ellos, o lo que es lo mismo: lo que de verdad importa, nos marcará la pauta cotidiana.

¿Cuántas veces nos hemos dicho y nos han dicho que el centro del aprendizaje es el alumno? Él o ella, en concreto, son lo que de verdad importa, el juicio crítico a cualquier iniciativa docente o de centro. ¿Les sirve, les ayuda, aprenden, aprenden lo que toca, aprenden para siempre?

Este curso recoge el aprendizaje que nos deja la pandemia. Un curso que podría marcar un antes y un después y que ya ha cogido velocidad de crucero.

En nuestras vidas, ocurren acontecimientos tras los que no podemos ser los mismos. Tu visón cambia también a nivel docente. Después de “ver” ya no puedes evitar sentir diferente y, antes de dejar pasar esa claridad de visión, toca actuar.

Estamos inmersos en hacer realidad el ‘aprendizaje 50-50’. Si ya sabemos quiénes han sabido y podido responder mejor en situaciones extremas de aprendizaje, si ya no hay duda de que la autorregulación y la capacidad de aprender de manera autónoma son claves; toca cambiar nuestra práctica cotidiana, pero también su día a día en el aula como aprendices.

Tratamos de impulsar el ‘aprendizaje 50-50’ como horizonte práctico alcanzable: 50% de intervención directa del docente, 50% de trabajo autónomo del alumno.

Aquí 3 pilares sobre los que sustentarlo:

– Metodologías multinivel, como las estaciones de aprendizaje.
– Personalización de los itinerarios de aprendizaje, con entrenamiento de las funciones ejecutivas que mejoran la autorregulación,
– Un enfoque de evaluación formativa y formadora.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras, crecemos como docentes en estos enfoques. La mirada en ellos, lo que de verdad importa, nos marcará la pauta cotidiana.

Si necesitan…

Nosotros podríamos…

Conocer lo que esperamos de ellos y/o deben aprender. Expresarles nuestros objetivos de cada día e invitarles a que lo hagan suyo. Que nos digan qué creen que esperamos e incluso dejarnos sorprender por otras formas de expresar que lo consiguen.
Reconocer el mejor camino para conseguirlo. Darles pautas y caminos diversos como apoyo para pensar el que deberían transitar ellos, dejando progresivamente libertad para elegir los suyos propios
Ser cada vez más autónomos. Ofrecerles herramientas diversas para conseguirlo (kanbans, cronogramas, organizadores gráficos, apoyos entre pares…).
Conocerse mejor para sacarse mejor partido a la hora de aprender. Hacer de la metacognición la pauta cotidiana de su trabajo. Poner palabras a sus procesos de aprendizaje y ayudarles a reconocer las funciones ejecutivas que necesitan entrenar más eficazmente.
Sacar provecho a su tiempo de trabajo autónomo. Definir claramente los espacios y las herramientas con las que avanzar sin nuestra supervisión, así como las diferentes rutas y retos que ir alcanzando para compartir, posteriormente, con nosotros.
Reconocer si están alcanzando sus aprendizajes. Utilizar herramientas de autoevaluación continua, durante y cerca del final del proceso de aprendizaje. Utilizar indicadores de logro que mezclen lo que necesitan saber con sus propias palabras para expresarlo.

En ello estamos, entrenándonos para entrenarlos.

Venga la ley que venga, la escolarización obligatoria debe prepararles para la vida, lo que de verdad importa. ¿Qué más podría pasarnos para tenerlo aún más claro?