Autora: Belén Monreal, formadora y profesora en Trilema Av. América

La semana pasada los colegios del país se llenaron de murales con portadas de libros, recomendaciones lectoras en redes sociales, marcapáginas listos para colorear… Cada 23 de abril los centros escolares planifican actividades para la celebración del día del libro. ¿Son suficientes estas iniciativas para alentar la lectura en nuestros estudiantes?

La comprensión lectora del alumno es un pilar básico en el aprendizaje del alumno. El desarrollo de una buena comprensión debe ser un objetivo primario en el entorno educativo del niño. En este sentido, los centros educativos juegan un papel esencial en el fomento de actitudes positivas en torno a la lectura, siendo además, instituciones determinantes que pueden establecer proyectos globales de lectura a través de la elaboración de un plan sistemático de actuaciones.

El desarrollo de una buena comprensión debe ser un objetivo primario en el entorno educativo del niño.

En las escuelas Trilema el plan lector y la escritura creativa son dos pilares fundamentales en nuestra identidad de centro.

Cada semana los alumnos disponen de una sesión para trabajar la lectura y su ligada comprensión. Relatos, noticias, entrevistas, actividades cooperativas, individuales… Las metodologías activas también tienen cabida en esta sesión dedicada a la lectura de distintos textos, incluyendo un espacio para la lectura individual. Las evidencias postlectura se cuidan al detalle para que se trabajen de manera amena y divertida. Actividades, digitales o en papel, que propician el pensamiento creativo y la reflexión personal.

Debemos cuidar las actividades que se realizan relacionadas con la lectura. Si a un estudiante que tiene dificultades lectoras le mandamos leer mucho para que se ponga al día, acabará odiando la lectura. De la misma manera ocurre con los libros se mandan de manera obligada. ¿Obligar a leer un un libro concreto es una una actividad impulsora del hábito lector? ¿Una prueba escrita tras leer un libro aportará una actitud positiva hacia la lectura? ¿O provocará un efecto contrario?

La semana pasada el conocido escritor Nando López me contaba en una entrevista que un adolescente le paró por la calle. El escritor, orgulloso de que un lector le reconociera, inició conversación preguntándole cuál era su libro favorito a lo que el muchacho respondió: “¿Favorito? Te he reconocido porque me suspendieron un examen de tu libro”. López se quedó a cuadros y en la entrevista lanzó un mensaje a los profesores: “Por favor, nunca pongáis un examen de un libro. No matéis a la literatura”.

Tampoco podemos olvidarnos de que somos un espejo para nuestros alumnos. Mira a tu alrededor, en el metro o en el autobús, es más fácil encontrar un adulto con un dispositivo electrónico que con un libro en la mano. Nuestros hábitos, nuestras conversaciones y nuestros intereses dejan huella en nuestros estudiantes. Propiciemos en nuestras aulas conversaciones sobre libros, bibliotecas, librerías, autores/as, opiniones, recomendaciones lectoras…

Un niño que lee será un niño que piensa, dijo algún estupendo pensador y no se equivocaba.